Enero-Febrero 2022: Y después del País Vasco, «Ahí arriba», tocaba «Allí Abajo». Además, estamos en febrero y por arriba hace un poco de rasca y ganas teníamos ya de volver al sur. Teníamos buenos recuerdos de cuatro años antes por allí y nos apetecía repetir. Desde Jaén a Puente Genil por la Vía Verde del Aceite. De ahí a la Costa del Sol, Benalmádena, Torremolinos, Málaga y continuar en Cádiz por la Vía Verde de la Sierra para seguir desde Jerez a San Fernando por senderos y carriles bici. Y para terminar, cómo no, en Sevilla en un recorrido urbano entre turistas y carros de caballos. Buena semana en el sur. Juan, como siempre, prepara un minucioso plan de ruta. Qué haríamos sin Juan…!!

Lunes, 31 de enero de 2022: Primer día de ruta

Quedamos en Rivas sobre las 10 de la mañana para salir hacia Martos (Jaén). Pedro y Juan llegan en la furgo y Fernando en su «histórico» Peugeot 405.  Después de apañar las herramientas de trabajo, ponemos rumbo al Sur.

Ya en Martos, sobre mediodía, nos preparamos los refajos en plena calle. Todo un espectáculo, véase a Fernando en paños menores intentando ocultar sus vergüenzas.

Y en perfecto estado de revista, iniciamos el recorrido por la Via Verde del Aceite en el mismo Martos. Cuatro años antes lo habíamos hecho en Jaén. Entonces salimos temprano ya que dormimos allí. LLegamos a Martos sobre mediodía. Pensábamos comer en Luque en el restaurante de la estación del que teníamos buenos recuerdos y llegar después a Doña Mencía donde habíamos reservado hotel.

Vía Verde del Aceite, 128 km desde Jaén a Puente Genil en Córdoba, en medio de interminables olivares que se pierden en la línea del horizonte. Kms y kms de campos que se ven como motitas verdes alineadas en cerros y valles. Nada más que eso, olivos, olivos y más olivos y el olor característico a alpechín al pasar por las poblaciones inundan el paisaje.

La Vía se abre paso a través de miles…, millones de olivos perfectamente alineados a lo largo de todo el recorrido.

Ampliando la imagen se puede ver el entramado de puntitos verdes como si se tratase de una manta hecha de remiendos con un tejido de motas verdes.

Hasta 13 viaductos, varios de ellos construidos por Eiffel, permiten sortear arroyos y barrancos en todo el recorrido. Aquí uno de ellos que encontramos enseguida en las proximidades de Martos.

Es el último día de enero y por el sur los almendros despiertan pronto. Además de olivos, junto a la Vía Verde hay muchas variedades de árboles que anuncian temprano la primavera.

El puntito diminuto del fondo es Pedro aunque no lo parezca. Habría quedado bien junto a este frondoso almendro, pero se escapó. Es que vamos como locos…!!

Juan se fue con la furgo hasta la estación de Luque y volvió por la Vía en sentido contrario. He aquí el momento del reencuentro. Faltaban unos 12 Kms para Luque y era todo cuesta arriba, bueno no más de un 3%, pero íbamos justos de tiempo.

Y ya en la estación de Luque donde el camarero y cocinero nos estaban esperando con la mesa puesta y con ganas de irse a su casa. Detrás de nosotros el museo del aceite con los aperos de labranza, recogida y molienda de la aceituna. Digno de verse pero ya no era hora. Nosotros a comer que las tripas ya protestan…!!

Por cierto, sería por la hora pero guardábamos mejores recuerdos del restaurante de la estación. Mi salmorejo, en otros tiempos exquisito, diríase que había reposado demasiado tiempo, dejémoslo ahí.

Y después del refrigerio, continuamos ruta hacia Doña Mencía. En el camino nos encontramos con Zuheros, precioso pueblo con su castillo medieval vigilando el paso de ciclistas y viandantes por la Vía Verde.

Al fondo Zuheros. El blanco de las fachadas de las casas hace un precioso contraste con olivos, almendros y las montañas del fondo. El castillo, situado en una posición privilegiada, destaca en el conjunto y pareciera que ha nacido de la enorme roca sobre la que está asentado.

Para ser el primer día de ruta no está mal. 52 km desde Martos a Doña Mencía.

Y llegamos a Doña Mencía donde nos esperaba Juan y este hotel tan sugerente, Hotel Nueva Mencía Subbética. Teníamos reserva para nosotros y las bicis. Si, también para las bicis que metimos en un cuartito a salvo de cualquier contingencia.

Una vez aposentados en el hotel, Juan nos tenía reservada una visita a la tienda-museo de Bodegas Mencianas donde Miguel Angel Fernandez, quien lleva más de 20 años rescatando elementos y técnicas de cultivo de la vid, nos hizo un recorrido por la historia del vino a través de los muchos y antiguos enseres utilizados desde hace siglos para su elaboración. Desde herramientas de labranza, medidas, botas (cubas) y todo lo necesario para la elaboración de los diferentes tipos de vino y los procesos seguidos para su obtención.

Miguel Angel nos habla de los vinos de Doña Mencía, de su elaboración, de los utensilios que guarda en el museo recogidos a lo largo de los años. Y, cómo no, del Pedro Ximénez , zumo de uva pasa, dejada secar al sol para exprimirla en el momento adecuado para obtener el punto de azucar justo.

«Gremio de Candioteros Toneleros y Aviaores» con las herramientas utilizadas por los constructores de toneles desde tiempos remotos. Aros de madera y hierro, garlopas, barrenas…

Prensas, romanas, medidas hechas con calabazas…

Y Miguel Angel explicando la historia de tres botas (toneles) con una antigüedad de más de dos siglos. Acabamos degustando varios de los vinos que después nos ofreció en la tienda como no podía ser de otra manera.

Pedro y Fernando estaban muy interesados en los sulfitos y preguntando que si el Pedro Ximenez era algo así como el «Mistela». Pues como si le hubieran mentado al diablo, y con razón, anda que….., a Pedro y Fernando les puso la cruz, si vuelven ni les saluda. Siempre haciendo amigos.

Martes, 1 de febrero: Segundo día de ruta

Partimos hacia Puente Genil. Fernando se encarga hoy de la furgo y volverá a nuestro encuentro desde el destino.

A medida que avanzamos al sur y, de día en día, los almendros inundan las orillas de la Vía con su blanco manto. Y Antonio ?, donde está Antonio ?. Habrá llegado ya a Puente Genil ?.

Pues no, Antonio había puesto el piloto automático y como si de una sesión de cardio se tratara, tiró millas sin volver la vista atrás hasta que se le ocurrió preguntar, ¿ y estos ?, ¿ donde están estos ?. Pues «estos» estaban disfrutando tranquilamente del paisaje y del contraste entre los almendros en flor y el verde de los olivares.

Seguramente las estaciones de Luke y Cabra sean de las mejor conservadas de la Vía Verde del Aceite, o de la Subbética como se llama realmente. Aquí los depósitos para recarga de agua para las locomotoras de vapor de la estación de Cabra.

Y nosotros en una de esas impresionantes locomotoras de vapor que forma parte del museo de la estación de Cabra y haciendo el «idem» entre sus hierros.

Ay la próstata, la próstata….!!. Es que ya no puede ser. Y Antonio que se nos ha vuelto a escapar.

Estación de Lucena, otra vez juntos.

LLegamos a Puente Genil a las afueras de la ciudad y como ya lo conocíamos y dada la hora, decidimos coger la furgo e irnos hacia Benalmadena parando antes en un restaurante cerca de Antequera que ya teníamos localizado.

Aquí, junto al fogón, repusimos fuerzas con productos y platos de la tierra. El ambiente en el restaurante era de lo más acogedor y la comida exquisita.

Y continuamos rumbo a la Costa de Sol. LLegamos a Benalmádena a este hotel «Best Siroco». Bueno, pues vaya pinta…!!, pero no, no veníamos a pasar vacaciones de verano como la mayoría de los huéspedes que había en estas fechas. Muchos tenían pinta de ser muy del norte de Europa.

Teníamos dos habitaciones con dos camas grandes cada una. Vaya, somos cinco…!!. No había sido posible conseguir una de tres ni una cama supletoria. Dos tenían que dormir en una misma cama. Con el pretexto de que en el hotel anterior tuvimos una para nosotros solos, el resto, a Fernando y a mí, ya nos habían asignado la misma cama para los dos, los muy despabilaos..!!!. No, nooo, eso nooo, eso no vale..!!. A mi, eso de estirar la pata (ojo, en el sentido literal) por la noche y encontrarme pelo en las piernas de alguien…, pues como que no…!!. Así que acordamos contratar una habitación que representaba tan sólo 10 euros/dos noches más por barba y solucionado. La echamos a suertes y le tocó a Antonio. No se cómo se las apaña pero tiene una suerte el jodío…..

Y el hotel ?. Genial..!!. Dos días, con desayuno y cena nos salío por 32 €/noche a cada uno, y eso que tuvimos que pagar una habitación de más. Aquí el bufet, que estaba muy, muy decente.

Y las habitaciones ?, pues como ésta. Por cierto, el de la foto parece Pedro pero no lo es. Y también, por cierto, en una de esas dos camas querían que durmiéramos Fer y Yo. Y de 1,20 que eran. No nooo…, ni hablar..!!

Y el entorno ?. Pues el que se ve aquí, con el mar al fondo. Todo un lujo.

Por las mañanas Juan se levanta temprano a hacer sus ejercicios matinales……

…. y nos despertó con este regalo. Una preciosa vista de la salida del sol…, en La Costa del Sol..!!.

Miércoles, 2 de febrero: Tercer día de ruta

Desde Benalmádena a Málaga y vuelta por la costa pasando por Torremolinos. Circuito urbano por el corazón de la Costa del Sol

Sorteando turistas, por el paseo marítimo pasamos de Benalmádena a Torremolinos, tan sólo separados por una rambla, y nos encontramos este palacete, La Casa de los Navajas, construido a principios del siglo pasado por Antonio Navajas, empresario dedicado al cultivo de la caña de azúcar en los terrenos que actualmente ocupa el aeropuerto de Málaga. Propiedad ahora del ayuntamiento de Torremolinos y abierto al público para visitas.

Y siguiendo el paseo marítimo de Torremolinos llegamos al Parque Natural del Guadalhorce en las marismas que forman los dos brazos del río al desembocar en el mar y que sorteamos por dos puentes-pasarela que cruzan los dos ramales del río. Al otro lado Málaga.

En una de las pasarelas sobre el río Guadalhorce.

Y ya junto al puerto de Málaga en la zona de marcha. Un sinfín de bares, restaurantes y locales comerciales de todo tipo.

Y saliendo del centro de  Málaga por la costa. Al fondo, la playa de La Malagueta.

Continuamos por las calles de Málaga junto a la costa hasta la playa del Peñon del Cuervo en la zona de El Candado y allí, casi en solitario, nos despelotamos y nos dimos un bañito en las «templadas» aguas del mediterráneo en febrero.

Si, somos nosotros. Aquí hay cuatro, el quinto prefirió quedarse de reportero y nos sacó lo más negros que pudo para que no se viera quien se quedó en tierra, mejor dicho, en la arena.

Y aquí contentos y satisfechos después del bañito, bueno, hay que decir que no duró más de un par de minutos, que el mediterráneo en febrero no es el Caribe.

Volvimos a Benalmádena por el mismo camino y terminamos haciendo un recorrido por el Parque de La Paloma, un precioso y extenso parque, lugar de esparcimiento de familias, niños y grandes y contrapunto al entorno de ladrillo, hoteles y turistas habitual de los pueblos de la costa.

De vuelta al hotel, nos cambiamos y a por nuestra ración de SPA, o baños árabes como en este caso, y que nunca puede faltar cuando Juan organiza una salida.

Jueves, 3 de febrero: Vía Verde de la Sierra. Cádiz

Nos despedimos de nuestro estupendo hotel Best Siroco y nos fuimos camino de Olvera en Cádiz donde empezamos el recorrido por la Vía Verde de la Sierra hasta Puerto Serrano.

Habíamos sorteado quien llevaba la furgo hoy y, a que no adivináis a quien le toco ?, pues eso, al reportero, tengo la negra..!!. Hoy que hay una ruta chula… Aquí los 4 tan contentos en Olvera antes de ir hacia el comienzo de la Via.

Vía Verde de la Sierra (FFE-Vias Verdes)

Vía Verde de la Sierra, 4 viaductos, 30 túneles, 36 Km y con una historia peculiar: Aunque llegó a terminarse y completarse toda la infraestructura a falta del tendido de vías, nunca circuló ningún tren por ella.

La guerra civíl provocó un parón en las obras. La postguerra tampoco permitió su reanudación. Cuando podría haberse continuado, los planes de infraestructuras ya no iban por esos derroteros y, al igual que otros similares, fueron sustituidos por nuevos planteamientos que ya no incluían este tipo de proyectos..

Partimos de la estación de Olvera, bueno parten porque yo ya me había ido con la furgo rumbo al destino (Puerto Serrano) para volver a su encuentro en sentido contrario. Al fondo se ve el castillo sobre una peña dominando el pueblo. Espectacular la vista desde abajo pinchando en la imagen.

Por delante 36 km de una Vía Verde inédita para trenes en un entorno espectacular. Quien hubiera dicho a los que participaron en su construcción que, casi 100 años después y sin pasar por ella un sólo vagón, iba a ser dedicada a lo que es ahora.

Algunas antiguas estaciones, las que se encuentran en los mejores entornos, han sido reacondicionadas para diversas actividades, las menos afortunadas como ésta de Navalagrulla han quedado totalmente abandonadas.

La estación de Zaframagón ha sido reconvertida en un centro de interpretación y observatorio ornitológico desde donde se pueden observar de cerca los buitres leonados, una de las mayores colonias de Europa. 

Bueno, como se trata de una estación de ferrocarril no podían faltar vagones, pero parece que no han llegado aquí por las vías.

Preciosa vista del Peñon de Zaframagón desde la Vía Verde poco antes de llegar a la estación. Y no, los buitres no se ven, estarían en la siesta a esta hora del mediodía.

Fernando siempre se queda rezagado haciendo de reportero

Yo volví al encuentro del resto desde Puerto Serrano y aquí me los encontré, en la estación de Coripe a unos 15 km del final. Todo era suave cuesta abajo excepto un desvío al final de unos 200 metros con un desnivel del 10%. Menos mal que sólo eran 200 metros.

Y llegando a Puerto Serrano nos encontramos este «atajo» de cabras con su cabrero en moto. Simpático fue ver cómo el perro saltaba sobre las piernas del cabrero a una indicación de éste mientras conducía la moto. Y los tres, cabrero, perro y moto se fueron juntos arreando las cabras.

Pedro intentando intimar con una de las cabras. Su debilidad por los animales no tiene límites. Seguro que le está diciendo algo como «que tal te tratan ?, te dan bien de comer ?«.

Y llegamos al destino. De aquí a buscar un sitio para comer. Habíamos andado un par de km cuando, y cómo no, el de siempre se dió cuenta que se había dejado la chupa en la valla de la estación. Hubo que volver a recuperarla. Allí estaba, menos mal. No me acuerdo quien fue…sealed tongue-outembarassed.

Comimos cerca y después «Caminito de Jerez….!!!»,

Y aquí dimos con nuestras posaderas, en el mismísimo centro de Jerez. Hotel «Asta Regia». Nosotros somos así, no nos privamos de ná. Toca ducha y relajarnos en la sauna que también nos preparan. Todo un lujo.

Visita nocturna en Jerez. Junto al hotel, en la Plaza del Arenal, hay una exposición itinerante «Otros Mundos» con  fotografías espectaculares del  sistema solar. Seguimos caminando por el casco antiguo de Jerez sin rumbo fijo. Juan había quedado con Francisco, un amigo de su época de estudiante pero sería para el día siguiente, hoy no podía acompañarnos.

Mira por donde, esa noche había un partidito guapo. «At. de Bilbao – Real Madrid» por la Copa del Rey. Como siempre, toca discusión.

Al final conseguimos averiguar donde verlo y Fernando y yo nos adelantamos para pillar sitio en un bar donde también podíamos tomar algo para cenar. El resto llegó, con no mucha ilusión, también hay que decirlo y cenamos mientras veíamos el partido. Antonio, Fernando y yo no perdemos la esperanza de conseguir que «al resto» acabe gustándole ver un partidito. Habrá que empezar explicándoles lo que es un penalti, un fuera de juego,…,etc.

Finalmente los vascos nos eliminaron de la Copa del Rey. Algunos volvimos al hotel con las orejas gachas.

Viernes, 4 de febrero: De Jerez a San Fernando

Por caminos y vías más o menos señalizadas partimos de Jerez con destino a San Fernando. Son unos 55 Km. Jerez, El Portal, Puerto de Santa María, Puerto Real y San Fernando. Ahí es ná…!!

Y en El Portal, próximo a Jerez enseguida nos encontramos con este edificio espectacular, abandonado y semiderruido  de «Azucarera Jerezana» testigo de un pasado «dulce» en Jerez.

Hasta Puerto de Santa María circulamos varios km por un camino recto siguiendo el curso del Guadalete con extensas tierras de cultivo inundables a ambos lados. Cruzamos la A4 por debajo de un puente sobre el río ya en las proximidades de Puerto.

Y ya en la entrada al Puerto de Santa María, justo aquí, junto a este famoso restaurante ahora en reformas a Pedro se le deshinchó una rueda. No supimos porqué. La hinchamos de nuevo y nada más se supo.

Algunos intentamos que nos dejaran ver el restaurante por dentro. Lo máximo que conseguimos fue traspasar la puerta del fondo y, enseguida, una «gerente» muy puesta nos echó el alto. Noooo, no pueden pasar. Top secret…!!!

Seguimos camino hacia Puerto Real por calles, senderos y carriles bici a través del parque natural de Los Toruños.

Parque Metropolitano Marisma de los Toruños y Pinar de la Algaida, integrado en el Parque Natural Bahía de Cádiz y en pleno corazón de ésta. Entre Valdelagrana y Puerto Real por caminos y senderos del parque.

Un singular entorno natural ideal para recorrer en bici o a pie. Una verdadera joya.

La salida del parque ya en Puerto Real. Ahora caminito de San Fernando. Un ratito a pie y otro…. en bici, en bici que quedan unos cuantos km.

Continuamos camino a San Fernando por una Vía Verde que recorre las Ecosalinas del Parque Natural de la Bahía de Cadiz. Nuestro destino era la Playa de Camposoto y, para ello, había que atravesar San Fernando.

Larga, muy larga la Playa de Camposoto. Pero llegamos. Con lluvia fina pero lo conseguimos.

No hay más que ver la cara de satisfacción de Pedro y Juan. No se si porque llegamos a la playa o porque enseguida nos íbamos a comer.

Y en la foto de antes en este grupo faltaba Pedro que andaba por ahí, no se donde. Ahora si, ahora está completo menos el fotógrafo. 

Mira donde andaba Pedro antes, regando el mar con un poco de agua dulce.

Y después del la playa a la «Venta Los Tarantos» a comer, si señor. Yo me acuerdo que algunos nos apañamos un potaje de garbanzos, con no me acuerdo qué, que menos mal que íbamos a coger el tren de vuelta a Jerez que si no, málamente habíamos podido regresar.

No le faltaba de ná al local. Poco ambiente porque creo recordar que estábamos casi sólos, una mesa más. Claro, 5 jubiletas en bici un día de diario.

Y de ahí a la estación de tren de cercanías para volver a Jerez, que ya estaba bien de kms en bici. Lo que recuerdo es que el revisor la cogió con Fernando. Creo que primero porque se despistó con la mascarilla y después porque dejó la bici mal…, no sé, mejor que lo cuente él.

Y por la noche Francisco, un amigo de Juan (cómo no), con el que había compartido estudios en sus años jóvenes y que vive desde hace muchos años en Jerez, nos hizo de guía turístico por la ciudad. Primero como es de rigor, a la zona de marcha a degustar los vinillos de la zona. Si váis a un bar en Jerez, pedid una «Morenita», mezcla de Oloroso y Cream a partes iguales. Está que te c….!!

Y después paseo por el casco antiguo de la ciudad. La catedral y su entorno son espectaculares, el sitio ideal para dejar constancia de nuestro paso por Jerez. 

Frente a la fachada de la catedral con Francisco. El mejor entorno para recordar nuestra presencia en Jeréz.

Y detrás de la catedral tenemos el Alcázar de Jerez. Por cierto, junto a la entrada había dos palmeras curiosas, una a cada lado de la fachada principal y tan altas y delgadas que parecía que era imposible que pudieran aguantar un soplo de viento. Pedro y yo fuimos a comprobar que no eran artificiales. Pues no, no…, eran de verdad…. En la foto sólo se ve una de ellas.

Y aquí acabamos nuestro periplo por la noche de Jerez, cenando en «El Almacén». Buen sitio donde parece que no nos iban a faltar provisiones.

Y después de la cena nos despedimos de Francisco, nuestro anfitrión. Gracias a él conocimos historias interesantes de Jerez. Los amigos que Juan tiene por, ni se sabe los sitios, siempre son interesantes y un buen apoyo para sacar «algo más» de nuestros viajes.

Sábado 5 de febrero: En Sevilla. 

Último día de ruta. Salimos hacia Sevilla, con la furgo claro. Buscamos un parking en el mismo centro bajo la estación de autobuses y junto al Guadalquivir, cerquita de la Torre del Oro.

Evidentemente, junto a la «Torre del Oro», torre defensiva que protegía la ciudad de las invasiones por el río Guadalquivir, no podía faltar foto del grupo al completo. Y decidimos visitar la Sevilla monumental callejeando con las bicis entre carros de caballos y turistas de todos los colores por el centro. Una locura.

Tampoco podía faltar fotito junto a la Giralda, que no se cual de las dos es más emblemática. Aquí una historia sobre la «Torre Campanario» de la catedral.

Y la catedral, a la que siempre quitó protagonismo La Giralda.

Y aquí junto a la famosa Plaza de Las Setas. Una estructura de madera con 2 columnas de hormigón que la soportan. La parte superior es una pasarela mirador. Un conjunto modernista que forma parte de la nueva Sevilla.

Nos habíamos metido en un atasco monumental en el centro de Sevilla y decidimos salir hacia la ribera del Guadalquivir a seguir camino hacia el sur, junto al Parque María Luisa y en dirección al estadio Benito Villamarín, el campo de fútbol del Betis donde nos habían dicho que había buenos restaurantes para comer.

Nos costó encontrar uno que tuviera sitio libre. Hubo que esperar en uno de ellos antes de tener mesa. Sábado, Sevilla y buen tiempo, pues es lo que hay. Al final aquí, Bodega Asador La Pitarra, aunque tuvo que ser dentro, todo lo de fuera estaba a tope.

Y colorín colorado, esto se acabó. Hasta la próxima..!!. Volvemos a casita por la Autovía de La Plata, el mejor camino de vuelta a Madrid desde Sevilla.