Enero de 2019. Partimos del pueblo de Ojos Negros en Teruel por la Vía Verde del mismo nombre hasta las proximidades de Sagunto. Recorrimos la Vía Verde en tres etapas terminando a unos Kms de Sagunto. De ahí a Valecia en la furgo donde, para completar la aventura, hicimos la última etapa del viaje por el parque fluvial del Turia.

Martes 29 de enero: En Ojos Negros.

Salimos temprano desde Rivas y paramos a deayunar (algunos redesayunamos), en el famoso Km 103 de la carretera de Barcelona, la atigua Venta de Almadrones.

Y después de un cafetito reparador (hacía fresquete esa mañana de finales de enero), seguimos camino hacia nuestro primer punto de partida en la ruta: El pueblo de Ojos Negros.

Un poco de historia: Desde tiempos celtibéricos las minas a cielo abierto de Sierra Menera en el término municipal de Ojos Negros han sido el yacimiento de mineral de hierro más importante de la península.

En 1900 se funda la «Compañía Minera de Sierra Menera S.A.» para explotar los yacimientos. Los propietarios negocian el transporte del mineral de hierro hasta la costa en Sagunto pero debido a los altos precios que les imponen los del «Ferrocarril Central de Aragón» (la RENFE actual), deciden, «nada menos…!!!», que construir su propio ferrocarril de vía estrecha prácticamente paralelo al que ya existía hasta Valencia. Unos 204 kms desde Ojos Negros al puerto de Sagunto. Las obras terminan en 1907 y el 7 de julio de ese año llega el primer cargamento de mineral al puerto. Por cierto, el mineral iba directo a Gran Bretaña porque en Sagunto aún no había altos hornos.

En la década de los 70 se construyen los Altos Hornos de Sagunto y la producción de mineral aumenta. El ferrocarril resulta insuficiente y se decide contratar con RENFE el traslado del material hasta Sagunto. En 1972 Se construye un tramo de vía ancha desde la explotación hasta Santa Eulalia para enlazar con la línea de RENFE y se clausura y abandona el ferrocarril minero que hoy se ha convertido en la Vía Verde de Ojos Negros.

Pues eso, llegamos a la plaza de Ojos Negros a media mañana. No había ni un alma por las calles, hacía un viento frío que te helaba hasta las ideas. Y allí, en la plaza del pueblo que parecía desértico, nos apañamos los refajos peleando contra el frío y el viento.

Y ya en perfecto estado de revista nos despedimos de la plaza del pueblo y nos fuimos carretera arriba en dirección al principio de la Vía Verde justo donde empezaba el ferrocarril minero al pie de la antigua explotación. A Pedro (nuevo en el grupo) lo enviamos con la furgo hasta Santa Eulalia que era nuestra primera parada antes de continuar hasta Teruel, fin de la primera etapa.

Teníamos 5 kms por carretera hasta el comienzo de la Vía Verde, pero que 5 kms…!!. A la cuesta de salida del pueblo se unía un fuerte viento helado que nos impedía avanzar. Tuvimos que echar pie a tierra y subir la cuesta andando, era imposible avanzar sobre la bici.

No recuerdo bien pero creo que esos 5 kms hasta alcanzar la Vía Verde nos llevaron más de media hora. Incluso después de coronar la cuesta, bajando había que hacerlo con precaución porque el viento soplaba con tanta fuerza que hacía peligrosa la bajada.

El primer tramo desde Ojos Negros hasta Santa Eulalia de unos 30 Kms aproximadamente, que es el tramo que se rehizo para enlazar con la Renfe en la etapa final de la explotación minera, aún sigue sin desmontar y sin acondicionar como Vía Verde. Hay que hacerlo por  caminos paralelos más o menos cuidados.

De momento y de forma oficial, la Vía Verde acondicionada comienza en Santa Eulalia. En un futuro próximo se añadirá también este tramo. A ver si lo vemos nosotros. Que se yo…!!!

Y de camino a Santa Eulalia pasamos, entre otros pueblos, por Peracense, famoso por su castillo y que no visitamos. Una pena.

Y también por este de aquí, Almoaja. Aquí tampoco visitamos el castillo porque no tiene.

Y aquí, a poco más de 3 km del final de la primera parte de la etapa donde el «Camino-Vía Verde» se cruza con la línea de ferrocarril abandonada.

Y después de esos 30 Kms por caminos, llegamos a Santa Eulalia con las tripas haciendo ruido y esperando que Pedro hubiera encontrado un buen restaurante. 

Y ya lo véis, parece que el dueño del restaurante no nos estaba esperando.

Sinceramente, yo no recuerdo donde y cómo comimos. A ver si alguien se acuerda…. 

Y aquí la iglesia parroquial de Santa Eulalia con la preciosa torre de estilo gótico-renacentista de 1560 (Wikipedia).

Y después de comer, no se donde, seguimos camino a Teruel, ahora si, por la Vía Verde que, oficialmente, comienza en Santa Eulalia como se puede ver en la imagen siguiente de viasverdes.com .

Vía Verde de Ojos Negros (FFE-Vías Verdes)

Primero de los dos tramos de la Vía Verde en su paso por la provincia de Teruel y que llega hasta las proximidades del pueblo de Barracas, ya en Castellón, fin de nuestra segunda etapa.

Y a poco más de 1 km del pueblo comienza la Vía Verde oficial. Prece que fué Fernando quien continuó con la furgo hasta Teruel. Al menos es el fotógrafo.

Recto, llano y gélido en invierno. Los primeros Kms a través del campo turolense.

De vez en cuando un mínimo cambio de paisaje con algo de vegetación.

O algún puente para sortear la carretera. Este a la altura de Caudé.

Pero la mayoría del recorrido en esta primera etapa hasta Teruel es como se ve, rectas interminables e ideales para hacer ejercicio, sobre todo con el viento e contra…

Y en los alrededores de Teruel, junto al barranco del río Alfambra, comienza a cambiar el paisaje. Más o menos por donde nos recogió la furgo. La línea del ferrocarril da un considerable rodeo para sortear la ciudad y el propio barranco del río.

Y ya en Teruel (que no recuerdo donde nos alojamos), toca dar una vuelta por el centro y, cómo no, por la famosa plaza del «Torico». Si, ese pequeñico que se ve arriba en el pedestal detrás de nosostros.

Y aquí en la pasarela peatonal del Acueducto de Los Arcos. El agua iba más arriba.

Y éste el acueducto de día. Acueducto de Los Arcos o del Renacimiento. Construido en 1554 para abastecer de agua la ciudad. Ya tiene unos añitos. A nivel de calle se puede apreciar la pasarela peatonal que aparece en la imagen anterior.

Y para terminar la visita nocturna a la ciudad nada mejor que junto a una buena mesa y frente a las buenas viandas de la tierra. Porque Teruel existe, vaya si existe…!!!.

Miércoles 30 de enero (Teruel – Barracas)

Al día siguiente volvemos a coger la Vía Verde en las afueras de Teruel. Hasta llegar a la Vía había que atravesar el barranco del río Alfambra con la furgo bajando y subiendo una empinada cuesta por un camino lleno de guijarros. Pasamos un poco de apuro hasta subir arriba a la Vía Verde. 

Felizmente, seguimos camino hacia Barracas, nuestro siguiente destino. Hoy el recorrido será mas accidentado en cuanto a túneles y viaductos, entramos en el tramo de Vía que pertenece a Castellón.

El «Tramo Teruel» de La Vía Verde de Ojos Negros llega hasta poco antes de llegar a Barracas. 

Y echamos a andar rumbo a Barracas. A fernando lo mandamos con la furgo

Y enseguida empezamos a notarlo. Viaductos para sortear barrancos…

O tajos en el monte para pasar cerros…

O largos túneles…. Muchos de ellos sin iluminación. Imprescindible unas buenas linternas de bici.

Sin iluminación pero muy bien conservados.

Y Fernando ?. Donde anda ?

Pues si, le tocó furgo hasta mitad de camino. Despúes se unió al grupo y, por lo que parace, que ya no recuerdo, le debió tocar a Antonio llegar hasta Barracas.

Y llegamos por fin a nuestro alojamiento en Barracas. Esta casita solitaria. Digo solitaria porque la dueña no estaba. Nos dejó la llave no recuerdo donde y nos dijo que cuando nos fuéramos, dejáramos el dinero acordado en la mesa del comedor y la llave donde la habíamos cogido y que ya iría alguien más tarde. Así de confiada la señora. Pues así hicimos, claro.

Lo cierto es que el pueblo tenía poco que ver y como en las fechas que estábamos anochecía pronto pues dimos una vuelta por aquí y por allá y acabamos donde teníamos que acabar, en el único restaurante que parecía abierto del pueblo que, además de estar bastante bien, era tienda de souvenirs donde compramos algunas cosillas.

Día 31 jueves: Vamos pa la costa…

Y partimos hacia la costa no sin antes dejarle a nuestra casera (que no llegamos a conocer) el dinero del alojamiento encima de la mesa del comedor. Me tocó a mi coger la furgo hasta un punto intermedio, el pueblo de Altura. 

Lo cierto es que me perdí la mejor parte del recorrido ya que se baja a la costa en pocos kms y parece que estaba plagado de túneles y puentes. Pero ninguno del resto hizo de reportero y nos quedamos sin lo mejor.

A pesar de lo escarpado del terreno también hay tramos rectos y en muy buen estado. Toda la Vía está muy, muy cuidada. 

Aquí un área de descanso antes de Navajas a la sombrita de lo que parece una higuera espectacular. El bocata aquí sienta mucho mejor que en cualquier restaurante.

Túneles, puentes y viaductos dan una idea de la obra casi faraónica que que tuvieron que hacer en un ferrocarril, no lo olvidemos, que discurría prácticamente paralelo al que ya existía.

En la estación de Caudiel cuando ya habían pasado la mayoría de los túneles y ni una sola fotito. Ya les vale…!!

Yo dejé la furgo en Altura, que es un pueblo, y, si mal no recuerdo volví a su encuentro en bici.

Y aquí, en Altura, con la furgo, junto a la Vía Verde. Altura, nombre curioso. Pues muy alto no está.

Y seguimos camino entre tablas de naranjos y mandarinas. Ya se nota que dejamos Teruel atrás.

Y llegamos a Soneja. Un carril bici muy apañao nos lleva desde la Vía Verde hasta el pueblo. Al fondo, destaca la torre de la Iglesia de San Miguel.

Y un paisano nos hizo esta foto con la iglesia al fondo. 

Visita turística a Soneja callejeando por las calles y cuestas del casco antiguo se respira el ambiente de su pasado islámico ya que hasta 1609 toda la población era morisca. Quedó absolutamente despoblada con la expulsión de la totalidad de sus habitantes repoblándose en noviembre de ese mismo año con «40 nuevas familias».

Decidimos avanzar unos kms a hasta un restaurante que Juan tenía localizado en el pueblo de Gilet. Era más o menos mediodía y aún había trecho que andar.

Y después de otros veinte y algún kms más llegamos a Gilet pero…, el restaurante «El Reino» estaba arriba de una curiosa cuesta, mas bien jodida que curiosa. Lo cierto es que el esfuerzo final mereció la pena. Comimos genial….Pero que bien sientan las comidas ganadas a golpe de pedal y penurias…!!!

El caso es que pensábamos continuar después hasta la costa y coger la furgo hasta Valencia más adelante pero se impuso la sensatez y más después que nos tomamos unos cafés con un licorcito de por allí que era algo así como el «bombón» de los murcianos pero muy especial. Mi memoria no da pa más después de tanto tiempo y sin fotos.

Así que decidimos poner pies en polvorosa, bueno mas bien ruedas, y nos fuimos directos (creo) a Valencia. O nos dejó Juan en algún sitio y fuimos en bici hasta el hotel ???. A ver si alguien me echa una mano.

Y aquí dimos con nuestros culos doloridos de tanto sillín incómodo, en este lujoso hall de un no menos lujoso hotel de 4 estrellas en Valencia que Juan nos había conseguido a precio de ganga. Todo un lujazo !!!!.

Y de que hotel estamos hablando….. Tachaaaannnn…!!! (como hace Tamariz).

Pues de ÉSTE, el hotel Rey Don Jaime, una hemorragia de satisfacción y por dos noches de ensueño con sus monstruosos y espectaculares desayunos. Y aunque la imagen no es muy buena, si afinamos un poco la vista se puede ver la furgo aparcada en la puerta. 

Y después de tomar posesión de nuestras lujosas «suites» apañamos gorrito y bañador, y sin pasar por la ducha de la habitación (y con cuidado de ser los únicos en el ascensor), nos fuimos directos a regalarnos el cuerpo con un relajante circuito de spá en este estupendo balneario. Cosas de Juan….

Aquí está, Baneario de la Alameda. Y esto al salir. A que se nos nota pelín más relajados, verdad ?. Y más limpitos, por supuesto. Pero que bien vamos a cenar…., y a dormir esta noche.

Día 1 de febrero, viernes: Paseo por el Turia…

Empezamos el día en el espectacular bufet del hotel. Había que coger fuerzas para afrontar las «duras cumbres» valencianas por la vega del Turia.

No tenemos fotos de estos dos eventos mañaneros en el bufet. Una pena porque alguno, que no quiero señalar, hizo no se cuantos viajes de la mesa a las suculentas viandas que se agolpaban con generosidad por todos los dispensarios de alrededor. Disfrutamos como enanos en ese bufet….!!

Habíamos dejado las bicis en un cuarto del garaje del hotel. Ahí comenzamos nuestro último día de ruta remontando el Turia desde el mismo hotel hasta la cabecera del Parque Natural del Turia.

Pero el día no iba a comenzar bien para alguno. Pedro metió la mano donde no debía tratando de ajustar el disco del freno de la bici y se dejó medio dedo entre los huecos del disco. Menudo tajo.

Así que empezamos el día con visita a urgencias a que le hicieran algún apaño. Parece que no fue necesaria cirujía mayor. Con todo, se hizo una buena avería en el dedo, se le jorobó tocar en la banda por una temporada. Perdimos un compi de ruta pero ganamos uno fijo de conductor de furgo.

El resto iniciamos la etapa por el antiguo cauce del río Turia, justo a la altura del hotel. Antiguo cauce convertido en un extraordinario y monumental parque lineal y verdadero pulmón verde de Valencia en el que, aparte de la espectacular «Ciudad De Las Artes y Las Ciencias» alberga multitud de atracciones y zonas deportivas, paseos, carriles bici…, a lo largo de unos 10 kms hasta Mislata donde se hizo el desvío del río para solucionar el problema de las riadas que en el pasado causaron tantos extragos en la ciudad. Un verdadero lujo para los valencianos.

A partir de Mislata entramos en el Parque Fluvial del Turia, un sendero paralelo al río que lo recorre por uno u otro lado con puentes de madera para sortear los tramos complicados. 

Aguas claras y limpias entre cañaverales. Parece un inocente arroyo incapaz de provocar ningún desastre. No es fácil viéndolo así imaginarse las riadas del pasado.

El cauce es realmente ancho, se aprecia bien en esta imagen. En una riada Fer no estaría ahí tan tranquilo.

Seguimos río arriba alternando las dos orillas entre agua, arboledas y cañaverales durante algo más de 22 km.

Y llegamos por el Parque Fluvial hasta los alrededores de Vilamartxant. Un par de kilometritos en carretera y nos plantamos en «Casa Aragó I», un restarante paellero por excelencia donde nos esperaba Pedro con la furgo y su dedo tuerto.

Y que paella valenciana nos metimos pal cuerpo. Bueno, dos para ser más exactos. Y para ser más exactos aún, una no era valenciana, era de marisco, y según dicen los valencianos eso no es paella ni es ná, que es un invento de los madrileños. Bueno, discusiones aparte, lo único que se puede decir es que allí no quedó ni un bicho ni un sólo grano de arroz.

Y con las mismas dimos vuelta por donde habíamos venido que, a lo tonto, habíamos recorrido más de 30 kms en subida y faltaban otros tantos de bajada. 

Por la noche habíamos contratado un «free tour» sobre la «Valencia enigmática» o algo así. Un recorrido por los lugares más curiosos de la época medieval con sus pestes (hasta 4 o 5), sus inquisiciones y otras hierbas por el estilo. Quedamos con nuestro Guía en la plaza de la «Mare de Deu», junto a la catedral.

Aquí la plaza de día, con la «Fuente del Turia». Al fondo, la puerta de entrada a la Catedral donde quedamos con nuestro guía.

Fue muy interesante, conocimos sobre los médicos de la peste con sus máscaras, porqué hay tantos vicentes en Valencia o la historia del maestro Cayetano Ripoll, último asesinado por la Inquisición, no sólo en España, sino en el mundo entero. Ese tipo de honores es el que disfrutamos desgraciadamente.

Después de semejante velada volvimos al hotel dando un largo paseo disfrutando de las solitarias calles de la noche valeciana. Este ficus que nos topamos en el camino parecía decirnos que ya era hora de recogida.

Día 2 de febrero, sábado. Visita turística a Valencia y vuelta a casa.

Fin de la aventura. Toca vuelta a casa. Pero antes no nos podemos ir sin visitar lo que actualmente es el emblema de la ciudad.

La «Ciutat de les Arts i les Ciències» construida sobre el antiguo cauce del Turia en su parte más próxima al mar. Obra faraónica de Santiago Calatrava que, por lo que pudimos ver, tiene más de enorme conjunto escultórico para admirar por fuera por su espectacularidad que de utilidad ya que la mayoría de los edificios están infrautilizados y algunos bastante deteriorados. 

Con todo, el entorno es monumental y grandioso. Digno de verse y recorrer el recinto y sus principales cosntrucciones que son, todos ellos, verdaderos monumentos arquitectónicos.

Y para despedirnos decidimos acercarnos a la playa a saludar al mar al que aún no nos habíamos acercado.

Y allí mismo, encontramos este chiringuito para comer antes de iniciar el viaje de vuelta. Un viaje para recordar y un nuevo y genial fichaje para el grupo aunque casi se deja el dedo en el camino.

Y de vuelta a casa, aún nos esperaba una sorpresa. Pinchamos una rueda de la furgo y no había forma de aflojar los tornillos. Vueltas y vueltas probando mil formas pero parecían soldados a la llanta. Finalmente, gracias a la pericia de alguno, conseguimos cambiarla. No he dicho aún que nuestro nuevo fichaje ha sido bombero, esa rueda no se podía resistir…!!!.

Y colorín, colorado…., Hasta la próxima..!!